La comparación se suele hacer mal, y siempre para el mismo lado: se compara el precio de la invitación digital contra el presupuesto de la imprenta. Pero el presupuesto de la imprenta no es lo que termina costando la invitación impresa.
Esta es la cuenta completa para un casamiento de 120 invitados, que en tarjetas son más o menos 80 sobres —las parejas y las familias reciben uno solo—.
Lo que sí está en el presupuesto
La imprenta te va a cotizar la tarjeta, el sobre y probablemente el diseño. Ese número lo tenés y es el fácil.
Pedí que te lo desglosen por unidad. Vas a necesitarlo para lo que sigue.
Lo que no está
Las que se rehacen. Un apellido mal escrito, una que se manchó, dos que se perdieron en el camino. Presupuestá entre un 10 y un 15% más de las que pensabas. Y ojo con la tirada mínima: si tenías 80 y necesitás 8 más, es probable que la imprenta te cobre una tirada nueva y no ocho tarjetas.
La entrega. Esta es la más grande y nunca se cuenta porque no se paga con plata. Ochenta sobres se entregan de tres maneras: los llevás vos, se los das a alguien que los reparte, o los mandás. Si los llevás vos son varios sábados manejando por Montevideo. Si los mandás, es un envío por sobre, y ahí sí hay un número que se suma.
Los que viven lejos. Siempre hay entre cinco y quince invitados en otro departamento o en otro país. A esos les vas a mandar una foto de la tarjeta por WhatsApp igual. O sea que ya estás haciendo las dos cosas.
Los cambios. Si se corre el horario de la ceremonia o cambia el salón después de haber repartido, no hay arreglo. Reimprimís o avisás por WhatsApp uno por uno, y quedan dos versiones dando vueltas. Esto pasa más seguido de lo que uno cree.
Contar quién viene. Con tarjeta impresa, la confirmación llega por WhatsApp, por teléfono o por comentario en un asado. Alguien de la pareja termina con una lista en el celular que actualiza a mano, y esa lista es la que va al salón. Es la parte más cansadora de organizar un casamiento y no aparece en ningún presupuesto.
La cuenta que conviene hacer
No te voy a dar números uruguayos porque cambian y porque dependen mucho del papel. Te dejo la fórmula, que es lo que no te dan en ningún lado:
(precio por sobre × 80) + (precio por sobre × 10 de reposición) + (envíos que no vas a poder entregar en mano) + los sábados que te lleva repartir
Hacé esa cuenta con el presupuesto que tengas a mano y compará contra el pago único de una invitación digital. En general no está ni cerca, y la diferencia más grande no es la plata: son los sábados.
Lo que la impresa hace mejor
Sería deshonesto no decirlo. Una tarjeta bien hecha, en un papel con textura, entregada en mano, es un objeto. Se guarda. Queda en la heladera de la madre de alguien durante años. Ninguna página web hace eso.
Y para algunos invitados —los abuelos, sobre todo— recibir una tarjeta es parte de que los inviten en serio.
Lo que hace mucha gente, y funciona
Las dos cosas, pero al revés de como parece. La invitación digital para los 120, que es la que informa, la que se actualiza y la que junta las confirmaciones. Y diez o quince tarjetas impresas, buenas, para los que importa que la reciban en la mano: los padres, los abuelos, los testigos.
Quince tarjetas de muy buen papel salen mucho menos que ochenta de papel razonable, y el gesto es más fuerte. Nadie va a notar que no imprimiste ochenta. Los abuelos sí van a notar la suya.
Un detalle práctico
Si vas por el camino mixto, mandá la digital primero. La tarjeta impresa que llega después se lee como un regalo, no como la invitación. Y para cuando la entregás en mano, la persona ya confirmó desde su link y ya sabés que viene.
Podés ver una invitación digital completa, con la ceremonia, la fiesta y la confirmación por invitado, en ejemplos. Se arma gratis: el pago es recién cuando la publicás.